El vacío

Por Daniel Palomino


Las frases, cuanto más profundas, son más vacías. No hay profundidad mayor que la de un pozo sin fondo. -Miguel de Unamuno




¿Cuál es el valor de un espacio vacío? ¿Qué solemnidad guarda en medio de la nada esperando?

¿Realmente está vacío? ¿Es nuestra necesidad o nuestra necedad el de querer ver algo plasmado en esa llanura que nos reta?


Antes de la imagen rupestre estuvieron los sueños, antes de la palabra estuvo el mirlo.

Tuve semana y media para llenar este mi espacio vacío, pero me quedé suspendido en un fino hilo de - ¿que podría escribir aquí? -


La cotidianidad es un universo plagado de espacios vacíos, tan llenos de conceptos que no entendemos, y lo único que podemos hacer es idealizarlos hacia nuestro egoísmo y saturar el trazo y el grafema para sentirnos cómodos y contar nuestra versión de los hechos.


¿Te imaginas cuántas historias podría contar ese espacio vacío?


Un edificio abandonado, cuyos cimientos han sostenido pilares de otros cuatro; la libreta que compraste para aprender dibujo y que abandonaste junto a ese manual para aprender piano.


¿Cuántas canciones que ya no se cantan han dejado un espacio vacío?


Las personas somos cajas que se vacían constantemente, sin saber cómo llenarlo, se van coleccionando retazos de diferente índole y así vamos contando los días.

Un espacio vacío puede ser azul, amarillo, verde, los míos son monocromáticos.


Escribo esto mientras voy en la camión, ¿cuántas de estas cabezas que me acompañan en el viaje, son conscientes del vacío que nos acompaña?


El vacío, no es soledad y tristeza, es un punto de partida permanente para contar una historia.

Las paredes son lienzos vacíos que se llenan constantemente: gritan, cantan, lloran, protestan, venden, informan, reclaman.


El vacío, no es negar la existencia, es punto de partida para empezar.

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